El esfuerzo para la compra de una vivienda muy por encima de lo recomendado en 2024


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    El pasado 29 de enero nuestro CEO Francesc Quintana habló en los medios con preocupación sobre el tema del esfuerzo que hacen las familias en España, y en concreto en Barcelona, a la hora de acceder a una vivienda y formar un hogar. En la actualidad, comentaba el artículo de CincoDías, destinamos un 40% ya de los ingresos -10 puntos porcentuales por encima de lo que se recomienda- a la vivienda. Es decir, estamos en el mismo punto que durante la crisis de 2008 y se prevé que en 2024 sigamos igual.

    Además, según un informe elaborado por Deloitte por encargo del Colegio y Asociación de APIs de Catalunya, ya desde 2022 el esfuerzo medio por alquilar ronda estos niveles. El panorama se parece al de la crisis global, por el estancamiento de los salarios en relación a los precios y por la subida de los tipos de interés. Dos factores que, además de la oferta existente, condicionan el coste de la vivienda. El mismo informe de Deloitte, por último, remarca que la creación de hogares ha crecido a niveles incluso superiores a los de 2013 y, sin embargo, la construcción de obra nueva a duras penas se mantiene cada año, creando en 2022 un déficit de 32000 unidades de vivienda.

    Como ya vivimos durante la crisis, esto supone un drama importante para las familias. Los jóvenes no pueden independizarse, la falta de alternativa empuja a muchos a faltar a sus obligaciones de pago y esto provoca deshaucios… Muchas personas deciden no tener hijos, ni plantearse ciertas metas o proyectos vitales, no por elección sino porque no es posible destinarles los recursos que requieren.

    El techo que cubre nuestras cabezas se lleva  la mayoría de nuestros esfuerzos. Y como decíamos, sí, el número de hogares crece, pero por la llegada de extranjeros y por la creación de hogares unipersonales. Así se mantiene la demanda alta. Y con ella los precios tanto de venta como de alquiler, que están a niveles asumibles por demasiado pocos.

    ¿Cómo solucionamos este embrollo que agota a todos y no nos permite ser una sociedad que mire hacia el futuro? Y, ¿cómo lo hacemos sin que reviente el sistema y salgamos todos perjudicados?

    Para Francesc Quintana hay varias soluciones, que no son fáciles, y que deben aplicarse inmediatamente.

    La primera  pasa por repensar las políticas de suelo. Ahora mismo, el coste de construcción hace que no se quieran levantar edificios de protección oficial. El gasto está por encima de lo que podría recuperarse con la venta protegida (no es que haya menos beneficio, es que hay pérdida).

    Es importante ampliar el parque de vivienda en general y en especial la VPO, para facilitar el acceso a la vivienda a todos y en concreto a aquellos en situaciones más vulnerables. Este aumento del parque de vivienda disponible y accesible tanto de venta, como de alquiler, es crucial. Y sólo puede hacerse mediante una política clara que lo incentive y, sobre todo, que sea estable. Que no vaya cambiando cada poco tiempo y genere desconfianza entre los emprendedores.

    También podría ayudarnos con la situación la liberalización de los usos. Poder convertir locales y sobretodo despachos, que cumplan las normativas de habitabilidad mínima, en viviendas. Esta fórmula, ampliamente solicitada desde el entorno API, podría aumentar el parque de forma inmediata.

    Por otro lado, es importante entender que la vivienda no sólo es un problema de ladrillos, sino también de infraestructuras. Hay que dejar de pensar en ciudades y entender que vamos de camino a las mega urbes. Estos entornos necesitan una red de transporte público potente, escuelas, hospitales, etc.

    En esta línea, el mercado laboral y las leyes que lo regulan también tienen mucho que decir. De forma inmediata, dado que los problemas de acceso a la vivienda son heterogéneos entre comunidades autónomas y, dentro de ellas, entre los distintos núcleos de población, podría incentivarse el teletrabajo. Mediante esta modalidad de trabajo la población se descentraliza y va a buscar casa en lugares donde el esfuerzo de pago es menor. Eso, además, daría vida a zonas del territorio que de lo contrario se vaciarían.

    Y, no lo olvidemos, nos daría un descanso y una oportunidad de dedicar esfuerzos a proyectos que, segurísimo, enriquecerían el panorama general de nuestro país.

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    *Imagen principal de Freepik.

    2-febrero-2024